Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Gabriel Espinosa era un hombre como lo son casi todos a los de treinta y ocho años, que era la edad que representaba.
Nada en su parte física, le distinguía hasta el punto de llamar la atención.
No era bonito ni feo, ni alto ni bajo, ni flaco ni gordo.
Al fijarse en él, no parecía que hubiese nacido para lo que fue después.
El destino de la criatura no se revela hasta que llega el momento crítico.
El hombre es un actor en el escenario del mundo.
Unos empiezan al farsa y desaparecen alas primeras escenas, otros no se presentan hasta la catástrofe final.
Los que quedan después, aplauden o silban.
Gabriel había nacido para los pasteles y hubiera muerto con las manos en la masa, a no haber tropezado con el capitán Báez y fray Miguel de los Santos.
Hijo de una familia humilde de la provincia de Valladolid, quedó huérfano Siendo muy niño.
Recogióle un fiel de fechos y le enseñó latín, aun cuando parece que el muchacho no manifestaba grandes disposiciones para las lenguas muertas.