Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Su protector se apercibió sin duda de que las hogazas iban durando menos en su casa que anteriormente, y que el latÃn exige que el que le aprenda vista y calce como los demás hombres.
Hizo un cálculo prudente sobre el número de hogazas que Gabriel consumirÃa hasta que llegase a poder serle útil, y el resultado le asustó.
Esto le obligó a recomendarle al rector de un seminario de Valladolid, con cuya amistad se honraba.
Digámoslo en honor de la verdad: Gabriel no recibió una gran satisfacción al ver que la Iglesia le abrÃa sus puertas, aun cuando el dómine le aseguró que podÃa aspirar a la púrpura cardenalicia, poniéndole algunos ejemplos, ciertos unos, y otros inventados, de prÃncipes de la Iglesia que empezaron siendo legos en algún convento.
Pero Gabriel no tuvo más remedio que resignarse y aceptar, toda vez que no podÃa escoger.
El rector del seminario tenÃa un buen sentido práctico, y adivinó desde luego que Dios no llamaba el estudiante por aquel camino.
Pero convencido de que todo hombre ha venido al mundo con alguna inclinación que le permite ser útil a los demás, observó la que Gabriel debÃa sentir y cuál era la misión de que estaba encargado por la Providencia.
No tardó en averiguarlo.