Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Su maestro llegó a tener celos; hizo dimisión y le entregó su plaza.
¡Nunca llegó a soñar el joven un triunfo por el estilo!
Pero aquello, aunque lisonjeaba su vanidad, no llegó a ensoberbecerle.
Dedicóse al estudio con afán; y un día en que se conferían órdenes, recibió proposiciones del obispo de la diócesis, que aceptó sin vacilar.
Siempre ofrece campo más ancho al hombre de genio el servir a un obispo que el vegetar en un seminario, donde hay pocas ocasiones de lucirse.
Primara ingratitud de Gabriel; abandonaba a los que le habían hecho hombre, dándole las llaves del porvenir.
El rector decía:
—¡Cría cuervos, para que otros se coman los pasteles que confeccionen!
Pero Gabriel hizo oídos de mercader, y se trasladó al palacio del obispo.
Allí permaneció dos años; y tal vez hubiera estado toda su vida, ¡más le hubiera valido!, a no haber muerto su ilustrísima de una apoplejía fulminante, después de los ayunos de 1a cuaresma.
* * *Un sobrino de aquél, que ejercía un cargo diplomático en Lisboa, se lo llevó.