Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo ¿De dónde iba a sacar maneras que se pareciesen a las de un hombre nacido en dorada cuna?
—Esa misma objeción que me hacéis prueba que no sois un hombre adocenado, y que tenéis la instrucción y el talento suficientes para representar el cargo con que os brindo. Cualquiera adivina en vuestras maneras y en vuestro lenguaje que no habéis pasado toda la vida sirviendo pasteles a los que saben menos que vos.
Es más: si al proponeros lo que os he propuesto hubierais admitido sin vacilar, yo hubiera sido el primero en desconfiar de vos, tomándoos por un ambicioso sin talento, capaz de comprometer una empresa.
Me lisonjeáis más que merezco.
—No; os digo la verdad, y ahà está mi amigo, qUe piensa lo mismo que yo. v —Exactamente.
—Y os advierto que el capitán Báez ha servido a las órdenes de don Sebastián.
—Creo lo que decÃs; creo que no me lisonjeáis, porque entonces serÃais los primeros engañados; pero también creo que el amor a la patria os hace exagerar las cosas, cierra los ojos de vuestra alma, impidiendo que veáis dificultades que saltan a la vista del más miope.
—Explicaos.
—En primer lugar, yo no conozco a ninguno de los personajes que forman la corte portuguesa.