Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —No prosigáis. Si os presentarais en Lisboa, fiado nada más que en vuestra semejanza, desde luego os aseguro que vuestra impostura serÃa inmediatamente descubierta y castigada.
Pero, estando a vuestro lado mi amigo y yo, esto es materialmente imposible. Ambos os instruirÃamos sobre el personal de la corte, sobre los negocios que más directamente afectan a un monarca, sobre las cualidades personales del rey don Sebastián, sobre sus gustos y aficiones... en fin, harÃamos de modo que al presentamos en el palacio de Lisboa costase trabajo persuadir a los nobles y al pueblo de que el personaje que tenÃan delante era un oscuro pastelero de Madrigal.
¿Creéis que obrarÃamos nosotros con torpeza siendo los primeros comprometidos en el asunto? ¿ Nos suponéis tan tontos, maese Espinosa?
Esto era tan lógico y concluyente, que el pastelero no tuvo nada que replicar.
Llenó un vaso de vino y le apuró de un sorbo.
Empezaba a estar poseÃdo por la fiebre, por el deseo de hincar el diente en el fruto prohibido.
El fraile y el capitán cambiaron una mirada de inteligencia.