Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Reinaba en la estancia un silencio harto elocuente.
Ante aquel pastel magno que fray
Miguel iba a meter en el homo de la ambición, nadie se acordaba del de Espinosa, apenas encentado; el vino rebosaba en las copas.
Esto indicaba la preocupación de los comensales.
En los asuntos que entrañan cierta gravedad, no se sacrifica a Baco, y sus sacerdotes se hacen sobrios por conveniencia.
Para beber se necesita que la imaginación no este preocupada.
El fraile y el capitán contemplaban a hurtadillas al pastelero.
Este estaba pálido y nervioso, como si empezase a creer realizable lo que acababan de proponerle.
Sin embargo, de vez en cuando se veía pasar por su frente una nube, indicando tal vez que encontraba más obstáculos que probabilidades,
Entonces recurría al vino.
Era el único que le hacía la razón.
Esta pantomima duró algunos segundos, al cabo de los cuales, recobrando su aspecto ordinario, exclamó, dirigiéndose al fraile:
—Vuestro pastel es más excelente que el mío; pero no se puede digerir.