Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo En él aparecÃa el joven rey sin casco en la hermosa cabeza, con la lanza rota, acribillado de heridas, rodeado de combatientes, a quienes habÃa hecho morder el polvo, dirigiendo, estas hermosas palabras a un alcaide moro que asombrado de su valor, y viéndole, en riesgo tan inminente, se brindó a ponerle en salvo:
—¿Y mi honra? ¿Han de decir que hu�
* * *Pues bien, decir a un pueblo tan entusiasta por su rey, que esperaba aún su aparición como los judÃos la del MesÃas:
—Yo sé dónde está don Sebastián, y voy a ponerle entre vosotros», era haber conseguido ya parte del éxito, haber andado la mitad de la jornada.
Fray Miguel, que conocÃa los sentimientos que animaban al pueblo, no vaciló en realizar aquella idea.
Sin esta circunstancia hubiera sido descabellada.
Pero convencer al que quiere que le convenzan, no es difÃcil.
Para paliar algún descuido que pudiera cometer el pastelero, tenÃa a mano el expediente de la ausencia y el de haber hecho durante tantos años una vida de soledad semisalvaje.
En cualquier imaginación dejan mella los padecimientos.