Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo La casualidad le llevó a Madrigal, poniéndole en presencia de Espinosa.
El extraño parecido de éste con el rey difunto le inspiró la idea que iba a poner en planta con la audacia propia de su carácter.
La cosa no era enteramente difícil con un poco de talento y con que el pastelero le ayudase.
No había más que explotar la creencia del vulgo, y aun de algunos nobles, respecto a la muerte del rey, de cuyo destino circulaban tan extraordinarias y contradictorias versiones.
Unos le suponían muerto en la pelea; otros tenían por una fábula la entrega de su cadáver al gobernador de Ceuta, suponiendo que aquel cadáver no pudo identificarse por tener el rostro destrozado a cuchilladas.
Esto había hecho que el recuerdo de don Sebastián se mantuviese vivo, recuerdo querido, santificado por la ausencia y la desgracia.
Don Sebastián era un héroe a los ojos de los portugueses.
Había sucumbido noblemente, combatiendo por la fe de Cristo, lo mismo que los que acompañaron a Pedro el Ermitaño a Palestina.
Era el rey de la leyenda.
Las madres contaban a sus hijos, como uno de esos cuentos de la infancia con que los niños se duermen en la cuna, el desastroso combate de Alcazarquivir.