Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Su impaciencia era muy natural; siempre desea saber a qué atenerse un hombre que empieza por aflojar los cordones de la bolsa.
Pero el fraile le tapaba la boca,, diciéndole invariablemente:
—Aún no es tiempo de que sepáis nada.
Gabriel, amostazado, le replicó en cierta ocasión:
—¿Esperáis a que yo me muera para comunicar me esas noticias?
—No; pero con los impacientes no se adelanta nada, y vale más dejar la cosa en tal estado.
—Bueno, esperaré-contestó Gabriel, acordándose de que habÃa adelantado ya una suma regular para los primeros trabajos.
Por eso, aquella tarde, cuando al regresar el fraile del convento le dijo que tenia que hablarle, recibió un alegrón.
¡Al fin iba a saber algo!
Los dos se encerraron en el aposento más retirado de la casa, y aun el fraile le hizo adoptar la precaución de hablar en vez baja, temiendo una indiscreción de la pobre señora Catalina.
Una vez dolos, fray Miguel le entregó el pliego recibido por 1a mañana, diciéndole:
—Ved lo que me escribe el capitán Báez.
Espinosa devoró el pliego.
Su lectura hizo que su moreno rostro se colorease.