Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Tus recursos retóricos educativos, extraordinariamente eficaces, pues por lo menos en mi caso nunca fallaban, eran la reprimenda, la amenaza, la ironÃa, la risa sarcástica y —curiosamente— la autocompasión.
No recuerdo que me increparas directamente y con insultos en sentido estricto. Pero no hacÃa falta, tenÃas otros muchos medios, y además, en casa y especialmente en la tienda, los insultos llovÃan a mi alrededor de manera tan torrencial que de pequeño a veces me sentÃa casi aturdido, y no veÃa motivo alguno para no darme por aludido, ya que las personas a las que insultabas no me parecÃan peores que yo, y desde luego no podÃas estar más descontento de ellas que de mÃ. Pero también ahà se hacÃan patentes tu enigmática inocencia y tu intachabilidad: insultabas como si fuera lo más normal del mundo, pero no tolerabas que otros hicieran lo mismo, y prohibÃas el insulto.