Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Acerca de Ottla casi no me atrevo a escribir, porque sé que al hacerlo pongo en peligro todo el efecto que espero conseguir con esta carta. En circunstancias normales, es decir, no hallándose ella en peligro o en un trance singular, no sientes por Ottla otra cosa que odio; a mà mismo me has confesado que, en tu opinión, se dedica a causarte penas y disgustos por sistema, y que mientras tú sufres, ella está contenta y se rÃe de ti. O sea, una especie de demonio. Qué enorme distanciamiento, mayor aún que el que hay entre tú y yo, debe de haberse producido entre vosotros para que sea posible un desconocimiento tan enorme. Ottla está tan lejos de ti que ya casi no la ves, y pones un fantasma en el lugar donde supones que se encuentra. Admito que con ella has tenido grandes dificultades. No acabo de entender los entresijos del asunto, que es muy complicado, pero en cualquier caso te hallabas ante una especie de Löwy equipada con las mejores armas de los Kafka. Lo que hubo entre tú y yo no fue una verdadera lucha; yo sucumbà pronto: sólo me quedó la huida, la amargura, la tristeza, la lucha interior. Vosotros dos, en cambio, siempre estabais en pie de guerra, siempre frescos, siempre con todas vuestras fuerzas. Un espectáculo tan grandioso como desolador. Al principio debisteis de estar muy cercanos el uno al otro, pues, de los cuatro hermanos, Ottla es aún hoy la representación más pura de la unión entre tú y mamá y las fuerzas que convergieron en ella. No sé qué es lo que os ha privado de los gozos de la armonÃa entre padre e hija, pero me inclino a pensar que las cosas sucedieron más o menos como en mi caso. Por tu lado, la tiranÃa de tu manera de ser; por el suyo, el empecinamiento de los Löwy, su sensibilidad, su sentido de la justicia, su inquietud, y todo eso respaldado por la conciencia de la fuerza de los Kafka. Reconozco que yo también puedo haberla influenciado, pero casi nunca de manera voluntaria, sino por el mero hecho de existir. Por lo demás, al ser la última en nacer, se encontró con unas relaciones de poder ya consolidadas, y pudo forjarse su propia opinión a partir del abundante material ya existente. Incluso puedo imaginarme que, debido a su naturaleza, durante algún tiempo debió de dudar entre arrojarse a tus brazos o a los de tus oponentes, y todo hace pensar que por entonces debiste fallarle en algo, lo cual la hizo sentirse rechazada; pero, si hubiera sido posible, habrÃais formado una pareja extraordinariamente armoniosa. Con ello yo habrÃa perdido una aliada, pero veros asà me habrÃa resarcido con creces; y además la felicidad de verte plenamente satisfecho al menos con uno de tus hijos te habrÃa transformado en un sentido muy favorable para mÃ. Pero claro, hoy todo eso no es más que un sueño. Ottla no conserva ningún lazo que la una a su padre, ha de buscar su camino ella sola, igual que yo, y como tiene mayores dosis que yo de esperanza, fe en sà misma, salud y despreocupación, es a tus ojos más malvada y pérfida todavÃa. Lo comprendo; desde tu punto de vista no puede ser otra cosa. Y sin embargo, ella es capaz de verse a sà misma con tus ojos, compartir tu sufrimiento y sentirse por ello muy triste, aunque no desesperada: la desesperación es cosa mÃa. Es cierto que, en aparente contradicción con lo que acabo de decir, nos ves a menudo juntos cuchicheando y riendo, y de vez en cuando oyes que hablamos de ti. Te parece hallarte ante un par de desvergonzados conspiradores. Extraños conspiradores. En efecto, desde siempre ocupas una buena parte de nuestras conversaciones y de nuestro pensamiento, pero te aseguro que no nos juntamos para tramar nada contra ti, sino para, con grandes esfuerzos, con humor, con seriedad, con amor, tozudez, ira, repugnancia, sometimiento, sentimiento de culpa, con todas las fuerzas de la mente y del corazón, analizar juntos, de lejos y de cerca, todos los detalles, todos los desencadenantes de ese terrible proceso que se desarrolla entre tú y nosotros, ese proceso en el que te empeñas en proclamarte juez, a pesar dique, por lo menos en lo esencial (dejo la puerta abierta a todos los errores de apreciación que por supuesto puedo cometer), eres una parte tan débil y ciega como nosotros.