Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Pasado algún tiempo, empecé a ver el asunto con otros ojos, y por fin comprendà por qué creÃas que en ese terreno también querÃa traicionarte arteramente. Tú, hijo de aquella especie de gueto que era la pequeña comunidad aldeana, habÃas traÃdo contigo realmente una porción de judaÃsmo; no era mucho, y una buena parte habÃas de perderla todavÃa en la ciudad y en el servicio militar, pero con todo las impresiones y recuerdos de tu infancia daban de sà lo justo para permitirte llevar una especie de vida judÃa, gracias sobre todo a que raramente necesitabas buscar ayuda en aquellas cosas, ya que procedÃas de un tronco muy robusto, y tu persona difÃcilmente podÃa verse conmovida por consideraciones de orden religioso, a no ser que éstas estuvieran muy entretejidas con consideraciones de orden social. En el fondo, la única fe por la que te regÃas consistÃa en creer a pies juntillas en las opiniones de una determinada clase social judÃa, es decir, en creer solamente en ti mismo, ya que esas opiniones formaban parte de tu persona. También ahà quedaba todavÃa suficiente judaÃsmo, pero no lo bastante para transmitÃrselo a un niño: cuando intentabas alcanzármelo, se te escurrÃa por entre los dedos como si fuese arena. Por un lado, eran impresiones juveniles intransferibles, y por el otro, una parte de tu persona, a la que yo tanto temÃa. Además, a un niño que, de puro temor, habÃa desarrollado unas agudÃsimas dotes de observación, era imposible convencerle de que pudieran tener un sentido trascendente aquellas pocas nimiedades que llevabas a cabo en nombre del judaÃsmo con una indiferencia sólo comparable a su nimiedad. Para ti tenÃan sentido como pequeños recordatorios de tiempos pasados, y por eso querÃas transmitÃrmelas, pero como ni siquiera tú les atribuÃas ya ningún valor por sà mismas, sólo podÃas lograrlo por medio de la persuasión o de la amenaza; y eso, por un lado, no podÃa funcionar, y por el otro habÃa de enfurecerte a causa de mi aparente cerrazón, ya que desconocÃas del todo lo precario de tu propia posición en aquel terreno.