Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Y, de hecho, en la larga carta que escribió aquel domingo por la mañana le comunicó a su amigo el ya consumado compromiso en los siguientes términos: «Me he reservado la mejor noticia para el final. Me he comprometido con la señorita Frieda Brandenhof[365], una muchacha de familia acomodada que vino a instalarse aquí mucho después de tu partida y a la que es casi imposible que hayas conocido. Ya habrá oportunidad de darte más detalles sobre mi prometida, por ahora basta con que sepas que soy muy feliz y que la única cosa que cambiará en nuestra relación es que a partir de ahora tendrás en mí a un amigo feliz, en vez de un amigo normal y corriente. Por lo demás, tendrás en mi novia, que te envía cordiales saludos y te escribirá personalmente en fecha próxima, una amiga sincera, algo no carente de importancia para un soltero. Sé que por muchas razones no puedes venir a visitarnos. Pero ¿no sería precisamente mi boda la ocasión más propicia para echar de una vez por la horda todos esos impedimentos? Sea como fuere, actúa como mejor te parezca y siguiendo sólo tu buen criterio».
Con esta carta en la mano permaneció Georg largo rato sentado a su escritorio, la cara vuelta hacia la ventana. A un conocido que lo saludó desde la calle al pasar apenas si le respondió con una sonrisa ausente.