Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre En torno a una mesa redonda había tres señores sentados; uno era oficial del barco y llevaba el uniforme azul de la marina; los otros dos, funcionarios de la autoridad portuaria, lucían uniformes norteamericanos negros. Sobre la mesa se apilaban documentos diversos que el oficial hojeaba primero, con la pluma en la mano, y luego iba pasando a los otros dos, que ora los leían, ora los extractaban, ora los guardaban en sus carteras de documentos, a no ser que uno de ellos, que hacía ruidito con los dientes de forma casi ininterrumpida, dictase a su colega algo para que constase en acta.
Junto a la ventana y de espaldas a la puerta, un señor más bajo sentado a un escritorio manipulaba grandes infolios alineados sobre un sólido anaquel, a la altura de su cabeza. Tenía al lado una caja de caudales abierta y, al menos a primera vista, vacía.
La segunda ventana estaba también vacía y ofrecía la mejor vista. Cerca de la tercera había dos señores de pie que conversaban a media voz. Uno de ellos, apoyado junto a la ventana, llevaba asimismo el uniforme del barco y jugueteaba con la empuñadura de su espadín. Su interlocutor, vuelto hacia la ventana, dejaba ver a ratos, cuando se movía, parte de una hilera de condecoraciones sobre el pecho del otro. Iba de paisano y llevaba un fino bastoncillo de bambú que, al tener él ambas manos firmemente apoyadas en las caderas, sobresalía como un espadín.