Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre «Todo eso es cierto palabra por palabra», dijo el fogonero antes de que nadie lo interrogase, incluso antes de que le hubieran dirigido la mirada. Esa precipitación del fogonero habría sido un grave error si el señor de las condecoraciones —que, según advirtió Karl de pronto, no podía ser otro que el capitán— no hubiera tomado ya, evidentemente, la decisión de escuchar al fogonero. De hecho, estiró la mano y dijo «¡Acérquese!» con una voz tan firme que se hubiera podido golpear con un martillo. Todo dependía ahora del comportamiento del fogonero, pues sobre la justicia de su causa no albergaba Karl la menor duda.