Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Por suerte, en aquella ocasión quedó demostrado que el fogonero habÃa corrido ya mucho mundo. Con una calma ejemplar, nada más meter la mano en su maletita sacó un pequeño legajo de papeles y una libreta de apuntes con los que, como si fuera algo muy natural y haciendo caso omiso del cajero jefe, se dirigió hacia donde estaba el capitán y extendió sus pruebas en el alféizar de la ventana. Al cajero jefe no le quedó más remedio que acercarse también. «Este hombre es un protestón conocido», dijo el cajero como explicación, «pasa más tiempo en la caja que en la sala de máquinas. Ha sumido en la desesperación a Schubal, que es un hombre muy tranquilo. ¡Escúcheme bien!», añadió dirigiéndose al fogonero, «está llevando realmente su impertinencia demasiado lejos. ¡Cuántas veces lo han echado ya de las oficinas de pagos, tal como se merece por sus reclamaciones total y absolutamente injustificadas! ¡Cuántas veces ha venido desde allà a la caja principal! ¡Cuántas veces se le ha dicho de buen modo que Schubal es su superior inmediato, el único con quien debe entenderse en su condición de subalterno! Y ahora se me presenta aquà en presencia del señor capitán, no se avergüenza de incordiarlo ¡y llega incluso a traer como portavoz adiestrado de sus disparatadas acusaciones a este jovencito, al que ahora veo a bordo por primera vez!»