Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Una sorpresa desagradable estaba aguardando a Liman al término de su recorrido. En el último gran incendio habido en Estambul, del cual leyó noticias durante el viaje, había ardido casi completamente el hotel Kingston, en el que solía alojarse, pese a lo cual el cochero, que naturalmente lo sabía, había ejecutado, con total indiferencia hacia su pasajero, la orden que éste le había dado y, sin decir palabra, lo había llevado hasta los restos incendiados del hotel. Una vez allí, el cochero bajó tranquilo del pescante e incluso habría descargado las maletas de Liman si éste no lo hubiera agarrado por los hombros y lo hubiera sacudido, ante lo cual el cochero dejó ciertamente las maletas, pero lo hizo de forma tan lenta y soñolienta como si no hubiera sido Liman el que lo hubiese hecho desistir de descargarlas, sino un cambio en su propia decisión.
La planta baja del hotel se conservaba en parte y gracias a unos tablones colocados encima, y a los lados había quedado medianamente habitable. Un letrero en turco y otro en francés anunciaban que el hotel sería reconstruido en breve tiempo, más bonito y más moderno que antes. Sin embargo, el único indicio de tal cosa era el trabajo de tres jornaleros que con palas y picos amontonaban a un lado los cascotes, que cargaban luego en una pequeña carretilla.