Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Tiene sentido, pero es flojo; la sangre corre tenue, demasiado lejos del corazón. Aún tengo en la cabeza escenas bonitas, y, sin embargo, dejo de escribir. Ayer fue la primera vez que se me apareció el caballo blanco, poco antes de dormirme, tengo la impresión de que primero salió de mi cabeza, vuelta hacia la pared, pasó por encima de mí, saltó de la cama al suelo y luego se perdió. Por desgracia esto último no es refutado por el comienzo de más arriba.
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Si no me engaño mucho, me estoy acercando. Es como si el combate espiritual se librase en algún claro del bosque. Me adentro en el bosque, no encuentro nada y por debilidad me apresuro a salir pronto de él; a menudo, cuando abandono el bosque, oigo o creo oír el fragor de las armas de ese combate. Quizá las miradas de los combatientes anden buscándome a través de la oscuridad del bosque, pero sé muy pocas cosas de ellos, y las que sé son engañosas.
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Violento chaparrón. Ponte de cara a la lluvia, deja que sus rayos de hierro te penetren, deslízate en el agua que quiere arrastrarte, pero quédate, aguarda así, erguido, la aparición del sol, que fluye de manera súbita e inacabable.
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