Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre El matrimonio judÃo que vivÃa en la habitación contigua a la mÃa. Jóvenes, ambos tÃmidos y modestos, la gran nariz ganchuda de ella y su cuerpo esbelto, él bizqueaba un poco, estaba pálido, era rechoncho y ancho, por la noche tosÃa un poco. A menudo caminaban uno detrás del otro. Mirada a la cama deshecha de su cuarto. — Matrimonio danés. Él, vestido a menudo muy correctamente con chaqueta; ella, bronceada, cara débil pero de estructura tosca. Pasan mucho tiempo callados, a menudo están sentados uno al lado del otro, las caras juntas inclinadas, como en las gemas. — El joven descarado, guapo. Siempre está fumando cigarrillos. Mira descarada, provocativa, admirativa, burlona y despreciativamente a Hansi, todo en una sola mirada. A veces no le presta ninguna atención. Le pide, mudo, un cigarrillo. A continuación es él el que le ofrece a ella uno desde lejos. Lleva pantalones rotos. Si uno quiere zurrarlo, tiene que hacerlo este verano, pues el próximo será él quien lo haga. Agarra del brazo, acariciándoselo, a todas las camareras, pero no lo hace con humildad, con timidez, sino como lo harÃa un teniente que, en consideración a su aspecto infantil, se atreve a más cosas de las que se permitirá más adelante. Su forma de, en la comida, amenazar con cortar la cabeza a una muñeca con el cuchillo. — Lanceros. Cuatro parejas. A la luz de las lámparas y al sonido del gramófono, en la sala grande. Después de cada figura uno de los bailarines va corriendo al gramófono y coloca un nuevo disco. Danza ejecutada, especialmente por parte de los caballeros, de forma correcta, ligera y seria. El divertido y rubicundo juerguista, cuya camisa almidonada, abombada, elevaba todavÃa más su pecho ancho, alto — el despreocupado, pálido, por encima de todos, que con todos bromeaba, la tripa incipiente; traje claro, muy holgado; muchos idiomas; leÃa Die Zukunft[532] — el colosal padre de la familia, cuyos miembros se reconocen por su respiración pesada y las barrigas infantiles, que cecea y tiene bocio, se sentó con su mujer (con la que bailó de forma muy galante), ostentosamente, a la mesa de los niños, para dejar bien claro que su familia era lo que más le importaba. — El correcto, atildado, formal, cuya cara parecÃa casi malhumorada de pura seriedad, modestia y virilidad. — El gigantesco alemán con costurones en su cara cuadrada, cuyos abultados labios, al hablar, se juntaban de forma muy sosegada. Su mujer, cara escandinava, dura y amable, andares pronunciados, hermosos, pronunciada libertad de sus contoneantes caderas. — Señora de Lübeck con ojos brillantes. Tres hijos, entre ellos Georg, que de forma absurda, como lo harÃa una mariposa, se posa junto a gente a la que no conoce de nada. Luego, con la locuacidad propia de los niños, pregunta cosas absurdas. Nosotros estamos sentados, por ejemplo, corrigiendo Der Kampf [La lucha|[533]. De pronto aparece Georg y pregunta en voz alta, con naturalidad y confianza, adonde han ido los otros niños. — El señor mayor, tieso, que muestra qué aspecto tienen en su vejez los braquicéfalos escandinavos nobles. Estropeado e irreconocible, si no volviesen a andar por allà bellos braquicéfalos jóvenes.