Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre [Continuación del texto de la página 425.] se necesitaba hacer el menor esfuerzo para ello[543]. Pero el inspector entraba siempre en la estación con cara de quien esta vez sí pondrá absolutamente al descubierto mis irregularidades. Siempre abría de un rodillazo la puerta de la caseta, mientras me miraba fijamente. Apenas había abierto mi libro, ya encontraba un error. Me tomaba mucho tiempo demostrarle, volviendo a hacer las cuentas ante sus ojos, que no era yo sino él quien había cometido el error. Siempre estaba descontento con mi recaudación, cerraba bruscamente el libro y volvía a dirigirme una mirada penetrante. «Tendremos que cerrar esta línea», decía cada vez. «No habrá otro remedio», respondía yo habitualmente.