Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Aquél era el gran acontecimiento del mes, y con ocasión del mismo yo me descontrolaba; si por error había quedado algo de aguardiente, me lo echaba al coleto tan pronto como el inspector había partido, todavía se oía el pitido del tren en marcha y ya el aguardiente iba bajando por mi garganta. Después de una noche como aquélla tenía una sed terrible; era como si dentro de mí hubiese un segundo hombre que asomaba por mi boca su cabeza y su cuello y pedía a gritos algo de beber. El inspector estaba bien surtido, él siempre llevaba en su tren grandes provisiones de bebidas, yo en cambio tenía que conformarme con los restos.