Diarios & Carta al padre

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Una vez acabada la función, esperamos todavía al actor Löwy, al que yo querría admirar de rodillas en el polvo. Como de costumbre tiene que «anunciar»: «Queridos espectadores, les doy las gracias en nombre de todos nosotros por haber venido y les invito cordialmente a la función de mañana, en la que se representará la obra maestra mundialmente famosa… de… ¡Hasta la vista!». Mutis agitando el sombrero. En vez de eso lo que vemos es que primero alguien sujeta firmemente el telón y luego lo descorre un poco, como a modo de prueba. Eso dura un rato. Finalmente lo abren un buen trozo, en el centro está sujeto por un botón, detrás vemos a Löwy caminar hacia el proscenio y mientras tanto, con la cara vuelta hacia el público, defenderse con las manos de alguien que lo ataca por detrás, hasta que de repente, en busca de un asidero, se agarra del telón y lo tira al suelo, incluyendo la sujeción de alambre que tiene por encima, y vemos a Pipes, que ha representado el papel del fiero criado y que todavía sigue con la cabeza gacha, como si el telón estuviera corrido, apresando a Löwy, que ha caído de rodillas ante nuestros ojos, y echándolo del escenario poco menos que a cabezazos. La gente se aglomera en la parte lateral de la sala. ¡Que corran el telón!, grita alguien en el escenario casi completamente descubierto en el que vemos con pena a la señora Tschissik, con su pálida cara de Sulamita; pequeños camareros subidos a mesas y sillones arreglan a medias el telón, el dueño del local intenta apaciguar al representante gubernamental, cuyo único deseo es irse de allí y que se ve retenido por ese intento de apaciguamiento; detrás del telón se oye a la señora Tschissik: «Y luego le damos lecciones de moral al público desde aquí arriba…»; la asociación de empleados de oficina judíos El Porvenir, que se hace cargo de la velada de mañana y ha celebrado una asamblea ordinaria antes de la función de hoy, decide convocar a causa de este incidente una reunión extraordinaria, a celebrar dentro de media hora; un miembro checo de la asociación profetiza a los actores, a consecuencia de su conducta escandalosa, un fracaso total. Entonces de repente se ve a Löwy, que estaba como desaparecido, empujado hacia una puerta a manotazos, y quizá también a rodillazos, por el jefe de camareros Roubitschek. Quieren echarlo como sea. Ese jefe de camareros, que tanto antes como después se planta como un perro ante cada uno de los clientes, también ante nosotros, con su hocico perruno que cuelga sobre una boca grande, cerrada por humildes arrugas laterales, tiene su


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