Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Mi paseo por el oscuro jardincillo de delante del sanatorio.
Gimnasia matinal cantando una canción del Wunderhorn, con acompañamiento de corneta[839].
El secretario que cada invierno viaja a pie a Budapest, al sur de Francia, a Italia. Lo hace descalzo y tomando sólo alimentos crudos (pan de salvado, higos, dátiles), vivió catorce días con otros dos, desnudos la mayor parte del tiempo en una casa abandonada en las cercanías de Niza.
Chica baja y gorda que se hurga la nariz a menudo, es lista pero no demasiado guapa, tiene una nariz sin futuro, se llama Waltraute y una señorita dice de ella que irradia algo.
Las columnas del comedor, que me asustaron cuando las vi en la ilustración del folleto (altas, brillantes, de mármol puro), por las que me maldije durante el trayecto a bordo del pequeño vapor, y que al final resultaron ser muy burguesas, hechas de ladrillo, con revestimiento malo de imitación de mármol y sorprendentemente bajas.
Conversación divertida de un hombre en el peral de enfrente de mi ventana con una chica de la planta baja, invisible para mí.