El Castillo
El Castillo —Para mà es algo muy viejo —dijo el alcalde—. No estoy convencido de una manera muy diferente a la suya de que se ha producido un error; Sordini, a causa de la desesperación que le ha causado, ha enfermado gravemente, y los primeros organismos de control, a quienes debemos el descubrimiento del origen del error, también lo reconocen. Pero ¿quién puede afirmar que los segundos órganos de control juzgarán de la misma manera, y también los terceros y los restantes?
—Puede ser —dijo K—, prefiero no injerirme en esas especulaciones; también es la primera vez que oigo de esos órganos de control y, naturalmente, no los puedo comprender. No obstante, creo que aquà hay que distinguir dos cosas, la primera es lo que ocurre en el seno de la administración y lo que se puede entender de una manera u otra como oficial, y, en segundo lugar, mi persona real, yo mismo, que permanezco fuera del ámbito administrativo y a quien amenaza un perjuicio tan absurdo por parte de la administración que aún no puedo creer en la seriedad del peligro. Para lo primero probablemente posea validez, señor alcalde, lo que ha contado con tan extraordinario y asombroso conocimiento de causa, pero quisiera oÃr aunque sólo sea una palabra acerca de mi persona.