El Castillo
El Castillo —PermÃtame, señor alcalde, que le interrumpa con una pregunta —dijo K—, ¿no mencionó antes un organismo de control? El funcionamiento de la administración es tal, según lo que me cuenta, que me produce vértigo la sola idea de que ese control no se llegase a aplicar.
—Usted es muy severo —dijo el alcalde—, pero multiplique su severidad por mil y seguirá siendo una minucia comparada con la severidad que aplica la administración contra sà misma. Sólo un completo forastero como usted puede plantear esa pregunta. ¿Que si hay organismos de control? Sólo hay organismos de control. Cierto, no tienen como misión descubrir errores en el sentido grosero del término, pues en realidad no se producen errores y en el caso de que se produzca uno, como el suyo, ¿quién puede afirmar definitivamente que se trata de un error?
—¡Eso serÃa algo completamente nuevo! —exclamó K.