El Castillo
El Castillo —Ahora voy a eso —dijo el alcalde—, pero no podrÃa haberlo comprendido si no hubiera dicho lo anterior. Al mencionar los órganos de control me he anticipado. Asà que regreso a las divergencias con Sordini. Como le he mencionado, mi defensa fue cediendo lentamente. Pero cuando Sordini tiene en la mano cualquier ventaja, por mÃnima que sea, ya ha vencido, pues entonces se intensifican su atención, su energÃa y su presencia de ánimo, siendo una visión horrible para el atacado y espléndida para el enemigo del atacado. Porque he experimentado esto último, puedo contárselo, como asà hago. Por lo demás, aún no he logrado verle, él no puede bajar, tiene demasiado trabajo, me han descrito su despacho como una habitación consistente en paredes cubiertas con columnas de expedientes, y ésos son sólo los expedientes en los que está trabajando en ese momento, y como los expedientes se están sacando y metiendo continuamente, ocurriendo todo con gran prisa, las columnas se derrumban y precisamente el ruido y los crujidos que producen se han convertido en el distintivo del despacho de Sordini. Asà es, Sordini es un trabajador y dedica al caso más pequeño el mismo cuidado que al más grande.