El Castillo
El Castillo —Usted siempre denomina, señor alcalde, mi caso como uno de los más pequeños y, sin embargo, ha ocupado ya a muchos funcionarios; si al principio quizá era muy pequeño, se ha convertido por el celo de funcionarios como Sordini en un caso grande. Por desgracia, y en contra de mi voluntad, puesto que mi celo no me lleva a originar columnas de expedientes referentes a mà y a hacer que se derrumben, sino a trabajar tranquilamente en mi humilde mesa de diseño como un humilde agrimensor.