El Castillo
El Castillo —No —dijo el alcalde—, no es ningún caso grande, en este sentido no tienen ningún motivo para quejarse, es uno de los casos más pequeños entre los pequeños. El volumen de trabajo no determina el rango del caso; sigue estando muy lejos de comprender a la administración, si es eso lo que cree. Pero incluso si dependiese del volumen de trabajo, su caso serÃa uno de los más insignificantes; los casos normales, es decir, aquellos en los que no se producen los supuestos errores, dan mucho más trabajo y, por añadidura, más productivo. Por lo demás, usted no sabe nada del trabajo que causó su caso, de eso quiero hablarle ahora. Al principio Sordini me dejó de lado, pero sus funcionarios vinieron, se produjeron diariamente interrogatorios de miembros respetados de la comunidad en la posada de los señores, de todos esos interrogatorios se levantó acta. La mayorÃa me apoyó, sólo unos pocos se quedaron extrañados, la cuestión de la agrimensura afecta a los campesinos, sospechaban algún acuerdo secreto, alguna injusticia, además encontraron un lÃder, y Sordini debió de llegar a la conclusión de que si sometÃa la cuestión al consejo municipal no todos se habrÃan mostrado contrarios a la contratación de un agrimensor. AsÃ, algo evidente, esto es, que no necesitábamos a ningún agrimensor, se convirtió al menos en algo cuestionable. En especial destacó al respecto un tal Brunswick, usted no le conoce, quizá no sea un mal tipo, pero sà tonto y fantasioso, es un cuñado de Lasemann.