El Castillo
El Castillo —¿Del maestro curtidor? —preguntó K, y describió al hombre con barba que había visto en la casa de Lasemann.
—Sí, es él —dijo el alcalde.
—También conozco a su esposa —dijo K un poco a la buena de Dios.
—Es posible —dijo el alcalde, y enmudeció.
—Es hermosa —dijo K—, pero un poco pálida y enfermiza. Parece que procede del castillo —esto último lo pronunció en un tono casi interrogativo.
El alcalde miró la hora, puso algo de medicina en una cuchara y la tragó con premura.
—Del castillo usted sólo conoce la zona administrativa, ¿verdad? —preguntó K con rudeza.