El Castillo
El Castillo —Cierto —dijo la posadera—, también eso le basta, especialmente eso. Usted lo interpreta todo mal, también el silencio. Pero no puede hacer otra cosa. Le permito que pregunte.
—Si todo lo interpreto mal —dijo K—, quizá también interprete mal mi pregunta, quizá no sea tan brusca. Sólo querÃa saber cómo conoció a su esposo y cómo llegó esta posada a su posesión.
La posadera arrugó la frente, pero dijo con indiferencia: