El Castillo
El Castillo —Encantado —dijo K—, pero lo que quiero de él es difÃcil de decir. En principio quiero verle de cerca, luego quiero oÃr su voz y, a continuación, quiero saber qué opina de nuestra boda; el resto depende del curso de la conversación. Pueden surgir muchas cosas mientras hablamos, pero lo más importante para mà es estar frente a él. Aún no he hablado directamente con ningún funcionario de verdad. Parece ser más difÃcil de lograr de lo que habÃa creÃdo. Ahora, sin embargo, tengo el deber de hablar con él como una persona particular, y eso es, según mi opinión, mucho más fácil de lograr; como funcionario tal vez sólo pudiera hablar con él en su despacho inaccesible, en el castillo o, lo que resulta cuestionable, en la posada de los señores; como persona particular, sin embargo, en cualquier parte de la casa, en la calle, donde consiga encontrarme con él. El hecho de que cuando lo logre, también tendré ante mà al funcionario, lo aceptaré encantado, pero no es mi primer objetivo.
—Bien —dijo la posadera, y presionó su rostro contra la almohada, como si dijera algo vergonzoso—, si logro con mis conexiones que se transmita su solicitud de una entrevista con Klamm, prométame que no emprenderá nada por su cuenta hasta que llegue la respuesta.