El Castillo
El Castillo —Eso no lo puedo prometer —dijo K—, aunque me gustarÃa complacer sus deseos. El asunto corre prisa, sobre todo después del resultado desfavorable de mi entrevista con el alcalde.
—Esa objeción es baladà —dijo la posadera—, el alcalde es una persona insignificante. ¿Acaso no lo ha notado? No podrÃa permanecer un dÃa en el puesto, si su esposa, que lo lleva todo, no estuviera allÃ.
—¿Mizzi? —preguntó K.
La posadera asintió.
—Estuvo presente —dijo K.
—¿Dijo algo? —preguntó la posadera.
—No —dijo K—, pero tampoco me dio la impresión de que pudiera.
—Bueno —dijo la posadera—, todo lo contempla erróneamente aquÃ. En todo caso, lo que el alcalde ha dispuesto sobre usted no tiene ninguna importancia y con la esposa hablaré en su momento. Y si ahora le prometo que la respuesta de Klamm llegará como mucho en una semana, ya no tiene ningún motivo para no transigir con mi petición.