El Castillo
El Castillo —Entonces también se puede refutar con una nueva experiencia —dijo K—. Y también hay una diferencia entre su caso y el de Frieda. Aún no se ha producido el hecho de que Klamm no llame a Frieda, más bien sà que la ha llamado, pero ella no ha obedecido la llamada. Es incluso posible que aún la esté esperando.
La posadera calló y paseó por K una mirada escrutadora. Luego dijo:
—Escucharé tranquilamente todo lo que tenga que decir. Hable con toda sinceridad y no tenga miramientos conmigo. Sólo le pido una cosa, no emplee el nombre de Klamm. Llámele «él» o de cualquier otra forma, pero no con su nombre.