El Castillo
El Castillo En la habitación se apresuró a acercarse a la calefacción, del maestro no se preocupó; éste estaba sentado a la mesa, sacó el reloj y dijo:
—Ya se ha hecho tarde.
—Pero ya nos hemos puesto completamente de acuerdo, señor maestro —dijo Frieda—, aceptamos el puesto.
—Bien —dijo el maestro—, pero el puesto se ha ofrecido sólo al señor agrimensor, él es quien debe manifestarse al respecto.
Frieda acudió en ayuda de K.
—Cierto —dijo ella—, él acepta el puesto, ¿verdad, K?
Así K pudo limitar su declaración a un simple «sí», que ni siquiera fue dirigido al maestro, sino a Frieda.