El Castillo
El Castillo —No tiene por qué estar encendida —dijo Pepi, y apagó la luz—, sólo he encendido porque me ha asustado. ¿Qué busca aqu� ¿Ha olvidado algo Frieda?
—Sà —dijo K, y señaló hacia la puerta—, ahÃ, en la habitación contigua, un mantel, uno blanco y bordado.
—SÃ, su mantel —dijo Pepi—, lo recuerdo, un trabajo muy bonito, también yo la ayudé a hacerlo. Pero en esa habitación no creo que esté.
—Frieda asà lo cree. ¿Quién vive aqu� —preguntó K.
—Nadie —dijo Pepi—, es la habitación de los señores, aquà comen y beben los señores, esto es, está destinada para eso, pero la mayorÃa de ellos permanecen arriba, en sus habitaciones.
—Si supiera —dijo K— que en la habitación no hay nadie, me encantarÃa entrar y buscar el mantel. Pero es muy inseguro; Klamm, por ejemplo, suele sentarse allÃ.
—Klamm no está ahora allÃ, con toda seguridad —dijo Pepi—, está a punto de partir, en el patio le está esperando el trineo.