El Castillo
El Castillo —Ay, señora posadera —dijo K—, no es ni el único camino hacia Klamm ni posee más valor que los demás. Y usted, señor secretario, es quien decide sobre si lo que diré aquà llegará hasta Klamm o no.
—Cierto —dijo Momus, y miró orgulloso, con los ojos hundidos, hacia la derecha y la izquierda, donde no habÃa nada que mirar—. ¿Para qué serÃa en otro caso secretario?
—Ahora puede ver, señora posadera —dijo K—, que no necesito un camino para llegar a Klamm, sino uno para llegar al señor secretario.
—Ese camino se lo pretendÃa abrir yo —dijo la posadera—, ¿no le pedà esta mañana que me dejase canalizar su petición a Klamm? Eso habrÃa ocurrido a través del señor secretario. Usted, sin embargo, lo rechazó y ahora no le va a quedar otro remedio que este camino. Ciertamente, después de su actuación de hoy, de su intento de asaltar a Klamm, con menos perspectivas de éxito. Pero esta última y diminuta esperanza que desaparece, casi inexistente, es lo único que tiene.