El Castillo
El Castillo —Bien —dijo K observando a Barnabás y apartando premeditadamente la vista de los ayudantes que, alternándose detrás de los hombros de Barnabás, surgĂan lentamente de su hundimiento y rápidamente, con un silbido que imitaba al viento, como si se asustasen ante la mirada de K, volvĂan a desaparecer, asĂ se divirtieron un buen rato—, no sĂ© cĂłmo son las cosas con Klamm, que tĂş sepas reconocer cĂłmo son allĂ, lo dudo e incluso si pudieras, tampoco podrĂas mejorarlas. Pero sĂ puedes transmitir un mensaje, y eso es lo que te pido. Un mensaje muy corto. ÂżPodrás llevarlo mañana mismo y decirme la respuesta tambiĂ©n mañana o al menos informarme de cĂłmo ha sido recibido? ÂżPuedes y quieres hacerlo? Para mĂ serĂa muy importante. Y tal vez tenga la oportunidad de agradecĂ©rtelo o tal vez tienes ahora un deseo que yo pueda cumplir.
—Claro que cumpliré tu encargo —dijo Barnabás.
—¿Y quieres esforzarte, cumplirlo lo mejor posible, transmitĂrselo personalmente a Klamm, recibir la respuesta del mismo Klamm y en seguida, mañana, aĂşn por la mañana, quieres hacerlo?
—Lo haré lo mejor que pueda —dijo Barnabás—, pero eso es lo que hago siempre.