El Castillo
El Castillo —No vamos a seguir discutiendo sobre eso —dijo K—. Éste es el mensaje: «El agrimensor solicita al señor director que le permita presentarse personalmente ante él, acepta por antelación toda condición que esté vinculada a esa autorización. Se ha visto obligado a realizar esta petición, porque hasta ahora todos los intermediarios han fracasado, como prueba aduce que hasta el momento no ha realizado ningún trabajo de agrimensura; con desesperada vergüenza ha leÃdo, por tanto, la última carta del señor director, sólo una entrevista personal podrÃa ayudar a solucionar la situación. El agrimensor conoce las molestias que puede causar, asà que se esforzará por reducirlas todo lo que pueda, sometiéndose a cualquier limitación de tiempo, incluso a una fijación del número de palabras, si se considera necesaria, que pueda emplear durante la entrevista, incluso cree poder contentarse con sólo diez palabras. Con gran respeto y extremada impaciencia, espera la decisión».
K habÃa hablado concentrado en las palabras y olvidándose de sà mismo, como si estuviese ante la puerta de Klamm y hablase con el vigilante de la puerta.
—Es más largo de lo que habÃa pensado —dijo al cabo—, pero tienes que transmitirlo oralmente, no quiero escribir una carta, seguirÃa el infinito camino de los expedientes.