El Castillo
El Castillo —Mañana es probable que vaya a visitaros —dijo K—, pero ven tú antes a buscarme con la respuesta. Te espero en la escuela. Saluda de mi parte a tus hermanas.
La promesa de K pareció hacer muy feliz a Barnabás y, después de estrecharse las manos como despedida, llegó incluso a rozar fugazmente el hombro de K. Éste sintió sonriente ese roce como si fuera un distintivo, como si ahora todo fuese como al principio, cuando Barnabás entró por primera vez en la posada con todo su esplendor en la presencia de los campesinos. Ya más calmado, durante el camino de regreso dejó que los ayudantes hicieran lo que quisiesen.