El Castillo
El Castillo —Sólo era la opinión de la posadera —dijo Frieda—, lo he escuchado todo porque venero a la posadera, pero fue la primera vez en mi vida que rechacé del todo su opinión. Tan lamentable me pareció todo lo que dijo, tan lejana su comprensión de nuestra situación real. Más bien me pareció verdad todo lo contrario de lo que ella dijo. Pensé en la mañana sombrÃa después de nuestra primera noche. Cómo te arrodillaste a mi lado con una mirada como si todo estuviese perdido. Y cómo sucedió después que a pesar de mis esfuerzos, no sólo no pude ayudarte, sino que te obstaculicé. Por mà se convirtió la posadera en tu enemiga, a quien aún continuas sin apreciar en lo que vale; por mÃ, por quien te preocupabas, tuviste que luchar por este empleo; estabas en desventaja frente al alcalde, tuviste que someterte al maestro y a los caprichos de los ayudantes, pero lo peor ha sido que quizá por mi culpa has cometido una falta contra Klamm. Que sigas queriendo llegar hasta Klamm no es más que el esfuerzo impotente de reconciliarle contigo. Y me dije que la posadera, que sabe todo esto mucho mejor que yo, me querÃa guardar con sus consejos de los reproches mucho más amargos que me podrÃa hacer yo a mà misma. Un esfuerzo bienintencionado, pero superfluo. Mi amor a ti me habrÃa ayudado a superarlo todo, finalmente te habrÃa ayudado a ti, si bien no aquÃ, en el pueblo, en cualquier otro lado, ya ha habido una prueba de su fuerza, te ha salvado de la familia de Barnabás.