El Castillo
El Castillo —No es ninguna enemistad —dijo Amalia, se levantó y arrojó el cobertor detrás de s×, no llega a tanto, no es más que un rumor de la opinión general. Y ahora vete, ve con tu novia, ya veo que tienes prisa. Tampoco temas que vayamos a visitarte, al principio sólo lo dije de broma, por maldad. Pero tú puedes venir con más frecuencia a vernos, para ello no hay ningún impedimento, puedes poner como pretexto los mensajes de Barnabás. Te lo facilito aún más al decir que Barnabás, aun cuando traiga un mensaje para ti del castillo, no tendrá que irse otra vez hasta la escuela para comunicártelo. No puede caminar tanto, el pobre, con ese servicio se agota, tú mismo tendrás que venir a recoger tus noticias.
K no habÃa oÃdo hablar tanto a Amalia en ese sentido, además sonaba distinto a lo anteriormente dicho, en ello habÃa una especie de soberanÃa, que no sólo sentÃa K, sino también Olga, quien debÃa de estar acostumbrada a su hermana, y que permanecÃa un poco apartada, con las manos en el regazo, con su postura habitual, con las piernas algo abiertas e inclinada ligeramente hacia adelante, con los ojos fijos en Amalia, mientras ésta sólo miraba a K.