El Castillo
El Castillo —Es un error —dijo K—, un gran error si crees que no espero a Barnabás con seriedad, mi más grande, mi único deseo es arreglar mis asuntos con la administración. Y Barnabás tiene que ayudarme, casi toda mi esperanza recae en él. Es cierto que ya me ha decepcionado una vez, pero fue más culpa mÃa que suya, ocurrió en la confusión de las primeras horas, creà entonces que podrÃa lograrlo todo con un paseo nocturno y después le atribuà a él que lo imposible se mostrase imposible. Incluso me ha influido en mi juicio sobre vuestra familia y sobre vosotras. Pero eso ha pasado, creo que os comprendo mucho mejor, sois incluso… —buscó la palabra adecuada, no la encontró en seguida y se contentó con una ocasional—, sois tal vez los más bondadosos de todos los del pueblo, tal como los he podido conocer hasta ahora. Pero tú, Amalia, vuelves a confundirme, porque, si bien no desacreditas el servicio de tu hermano, sà que disminuyes la importancia que tiene para mÃ. Tal vez no estés enterada de los asuntos de Barnabás, entonces lo comprenderé y ya no mencionaré el asunto, pero es posible que sà estés enterada —y tengo esta sensación—, entonces resulta enojoso, porque eso significa que tu hermano me engaña.