El Castillo
El Castillo —TranquilÃzate —dijo Amalia—, no estoy enterada, nada podrÃa impulsarme a enterarme de esos asuntos, nada, ni siquiera en consideración a ti, por quien, sin embargo, estarÃa dispuesta a hacer algo, pues como dijiste somos bondadosos. Pero los asuntos de mi hermano son sólo de su incumbencia, no sé nada de ellos, excepto lo que oigo casualmente aquà y allá. De todo eso, por el contrario, te puede informar Olga, ella está al tanto.
Y Amalia se fue, primero con sus padres, con quienes habló en voz baja, luego a la cocina; se habÃa ido sin despedirse de K, como si supiera que iba a permanecer mucho más tiempo y no fuese necesaria ninguna despedida.