El Castillo
El Castillo Aquà me parece que llegas a lo decisivo —dijo K—. Eso es. Por lo que me has contado, creo verlo claro. Barnabás es demasiado joven para ese trabajo. Nada de lo que él cuenta se puede tomar en serio. Como arriba se muere de miedo, no puede observar nada y cuando se le obliga aquà a que informe, sólo se oyen cuentos confusos. El respeto a la administración es aquà innato, se os sigue insuflando durante toda vuestra vida de las maneras más distintas y desde todas partes, y vosotros mismos ayudáis en ello en lo que podéis. En principio no digo nada en contra; cuando una administración es buena, ¿por qué no se le deberÃa tener respeto? Pero no se puede enviar de repente al castillo a un joven poco instruido como Barnabás, que no ha salido del pueblo, y reclamar de él informes fidedignos e investigar sus palabras como si fuesen una Revelación y hacer depender de su interpretación la propia felicidad. Nada puede ser más erróneo. Cierto, yo también me he dejado confundir como tú y no sólo he puesto esperanzas en él, sino que también he sufrido decepciones, y siempre basándome en sus palabras, que ni siquiera estaban fundadas.
Olga callaba.