El Castillo
El Castillo —¿Dijo eso el alcalde? —preguntó Olga.
—SÃ, eso dijo —respondió K.
—Se lo contaré a Barnabás —dijo rápidamente Olga—, eso le animará mucho.
—Pero él no necesita que le animen —dijo K—, animarle significa decirle que tiene razón, que tiene que continuar como hasta ahora, pero si sigue actuando precisamente como hasta ahora no logrará nada. No puedes animar a alguien a que vea cuando tiene tapados los ojos por un pañuelo, no podrá ver nunca; sólo cuando se le quite el pañuelo podrá ver. Barnabás necesita ayuda, no que le animen. Piensa que allà arriba la administración se muestra en su inextricable grandeza; yo creÃa tener una idea aproximada de ella antes de venir aquà —qué ingenuo era todo—, pero allà está la administración y Barnabás se enfrenta a ella, nadie más, sólo él, tan sólo que es digno de lástima, y representarÃa demasiado honor para él si no permaneciese encogido toda su vida en una oscura esquina.
—No creas, K —dijo Olga—, que no valoramos en lo que vale la tarea que Barnabás ha asumido. No nos falta respeto por la administración, ya lo has dicho tú.