El Castillo
El Castillo —Pero se trata de un respeto descaminado —dijo K—, un respeto en el lugar inadecuado, ese respeto degrada su objeto. ¿Acaso se puede llamar respeto cuando Barnabás abusa del regalo de poder entrar en esa estancia para pasar allà los dÃas o cuando él baja y empequeñece o calumnia a alguien ante quien ha temblado, o cuando por desesperación o cansancio no lleva las cartas en seguida o no transmite inmediatamente los mensajes que le han sido confiados? Eso ya no es respeto. Pero el reproche va más lejos, también se extiende a ti, Olga, no te lo puedo ahorrar; has enviado a Barnabás al castillo, pese a que crees tener respeto por la administración, en plena juventud, con su debilidad y abandono o, al menos, no se lo has impedido.