El Castillo
El Castillo —¿Y Sortini? —preguntó K.
—SÃ, Sortini —dijo Olga—, a Sortini le vi con frecuencia durante la fiesta, sentado en un pértigo, tenÃa los brazos cruzados sobre el pecho y asà permaneció hasta que vino a recogerle el coche del castillo. Ni siquiera fue a las maniobras de los bomberos, donde mi padre se distinguió entre todos los hombres de su edad, precisamente con la esperanza de que Sortini se fijase en él.
—¿Y no habéis oÃdo más de él? —dijo K—, pareces tener una gran veneración por Sortini.