El Castillo
El Castillo —Puede ser —dijo K—; para mÃ, sin embargo, la diferencia principal es que Frieda es mi novia, y Amalia sólo me incumbe por ser la hermana de Barnabás, del mensajero del castillo, y que su destino quizá se entrelaza con su servicio. Si un funcionario hubiese cometido con ella una injusticia que clamase al cielo, como me pareció después de tu relato de los acontecimientos, me hubiera preocupado, pero esto más como un asunto público que como un sufrimiento personal de Amalia. Ahora, sin embargo, después de tu relato, cambia algo la imagen en una forma no del todo comprensible para mÃ, pero como eres tú quien lo narra, de una forma lo suficientemente digna de crédito y por eso quiero despreocuparme completamente del asunto, no soy ningún especialista en servicios contra incendios y qué me importa a mà Sortini. No obstante, me preocupa Frieda y me resulta extraño que tú, en quien confÃo plenamente y en quien siempre estaré dispuesto a confiar, intentes atacar a Frieda a través de Amalia y despertar en mà la sospecha. No supongo que lo hagas con intención, mucho menos con mala intención, si no ya hace tiempo que me habrÃa ido. No lo haces intencionadamente, las circunstancias te llevan a ello, por amor a Amalia la quieres elevar sobre todas las mujeres y como tú misma no encuentras en Amalia algo elogiable, te ayudas empequeñeciendo a otras mujeres. El gesto de Amalia es extraño, pero conforme más cuentas de ese gesto, menos se puede decidir si ella ha sido grande o pequeña, lista o necia, heroica o cobarde; Amalia mantiene sus motivos encerrados en su corazón, nadie se los va a arrebatar. Frieda, por el contrario, no ha hecho nada extraño, sólo ha seguido los impulsos de su corazón, para todo aquel que se ocupe de ello con buena voluntad, queda claro, cualquiera lo puede comprobar, no hay ningún espacio para rumores. Pero yo ni quiero denigrar a Amalia ni defender a Frieda, sino sólo aclararte cómo pienso de Frieda y cómo todo ataque contra Frieda supone al mismo tiempo un ataque contra mi existencia. He venido aquà por propia voluntad y por propia voluntad me he quedado, pero todo lo que ha ocurrido hasta ahora y ante todo mis perspectivas de futuro —por muy sombrÃas que sean, en todo caso aún existen—, todo eso se lo agradezco a Frieda, eso no se puede discutir. Aquà fui acogido como agrimensor, pero eso sólo fue en apariencia, han jugado conmigo, me han expulsado de todas las casas, incluso hoy juegan conmigo, pero por muy complicado que sea todo esto, en cierto modo he ganado terreno y eso ya significa algo, ya tengo, por muy insignificante que sea, un hogar, un empleo real, tengo una novia que, cuando estoy ocupado en otros asuntos, me quita trabajo, me casaré con ella y seré miembro de la comunidad, además de la oficial, aún tengo una relación personal con Klamm, aunque todavÃa no la he empleado. ¿Acaso eso es poco? Y cuando llego a vuestra casa, ¿a quién saludáis? ¿A quién confÃas la historia de vuestra familia? ¿De quién tienes la esperanza, aunque sea la más improbable, de obtener ayuda? No de mÃ, del agrimensor, a quien, por ejemplo, hace una semana Lasemann y Brunswick expulsaron de su casa con violencia, sino que la esperas del hombre que ya posee algún instrumento de poder, pero ese instrumento de poder se lo agradezco a Frieda, a Frieda, que es tan modesta que si intentas preguntarle por algo similar no querrá saber nada de ello. Y, sin embargo, después de todo, parece que Frieda con su inocencia ha logrado más que Amalia con todo su orgullo, pues mira, tengo la impresión de que buscas ayuda para Amalia, y ¿de quién? De ninguna otra que de Frieda.