El Castillo
El Castillo —Qué temerosa eres —dijo K— sólo he puesto a Frieda en el lugar que le corresponde, pero no he querido denigraros como tú lo entiendes ahora. También para mà tenÃa vuestra familia algo especial, eso no lo he silenciado; pero no comprendo cómo ese «algo especial» puede dar motivos para el desprecio.
—¡Ay!, K —dijo Olga—, me temo que tú también llegarás a comprenderlo; ¿no puedes comprender de ninguna manera que la conducta de Amalia frente a Sortini fue la primera causa de ese desprecio?
—Eso serÃa demasiado extraño —dijo K—, por eso se puede admirar o condenar a Amalia, pero ¿despreciarla? Y si alguien por un sentimiento incomprensible para mà despreciase realmente a Amalia, ¿por qué extiende entonces el desprecio hacia vosotros, hacia la familia inocente? Que, por ejemplo, Pepi te desprecie, es imperdonable, y cuando regrese de nuevo a la posada de los señores se lo haré pagar con creces.