El Castillo
El Castillo Llamaron. Olga se acercó a la puerta y la abrió. En la oscuridad se vio un resplandor procedente de una linterna sorda. El visitante tardío murmuró algunas preguntas y recibió algunos murmullos de respuesta, pero no quedó satisfecho con ello y quiso entrar en la habitación. Olga no pudo impedírselo y llamó, por lo tanto, a Amalia, de quien esperaba que, para proteger el sueño de sus padres, haría todo lo posible para alejar al visitante. Y, ciertamente, apareció deprisa, echó a Olga hacia un lado, salió a la calle y cerró la puerta tras de sí. Sólo transcurrió un instante y volvió a entrar, tan rápidamente había logrado lo que había sido imposible para Olga.